"Gracias a todos esos amigos que siempre me piden opinión sobre los viajes que van a realizar, ellos me dieron la idea de hacer este blog.
En especial a mi amigo Jesús que me dio el empuje necesario para ponerlo en marcha. Y por supuesto a todos los que me leéis.
Un beso para todos vosotros. "

Roma


Febrero - Marzo 2025


Esta es la segunda vez que visito la ciudad eterna. Nombre que recibe Roma porque Virgilio en su obra La Eneida la califica como un imperio sin fin.

En esta ocasión volamos con ITA Airways. Los vuelos salieron y llegaron en hora, nos dieron un aperitivo en el avión y no fueron quisquillosos con el peso de las maletas. Por otro lado, cuando fuimos a sacar las tarjetas de embarque del vuelo de ida, nos dejaron en lista de espera, lo que nos puso algo nerviosos. Tras contactar con Aena, quien nos dio el teléfono italiano de la compañía, puesto que en España no tiene sede, y hablar con ellos, solucionamos la incidencia y se nos asignaron asientos. Tened cuidado porque en Google salen teléfonos de España de esta compañía y son estafas. Yo llamé a uno de esos teléfonos y me dijeron que la agencia no había emitido el pasaje y que tenía que pagar un plus por persona.

Volamos muy, pero que muy, temprano. A las 5:50 despegábamos, por lo que llegamos a Roma a las 8:15. El plan era aprovechar todo el día sobreviviendo con cafeína o la energía que da el comienzo de un nuevo viaje 😁.

Tras recoger el equipaje, nos dirigimos a la estación de tren. En un punto de información del mismo aeropuerto compramos los billetes. Los niños viajaban gratis, en esta oportunidad me acompañan dos preadolescentes de 12 años, y a nosotros nos regalaron uno, puesto que, al comprar cuatro billetes de adulto, el quinto salía gratis (15€ cada uno).

En cuanto llegamos a Roma, cogimos un abono transporte válido durante una semana desde que se utiliza por primera vez (24€ por persona) con el que puedes viajar en metro, bus y tren por la ciudad. En el aeropuerto preguntamos si el abono servía para hacer ese trayecto, pero nos indicaron que no.

En este link tenéis información del transporte público en Roma.

Adquirido el abono, nos dirigimos al hotel donde, aun cuando no podríamos hacer check-in por las horas tan tempranas, al menos, dejaríamos el equipaje a buen recaudo.

Durante nuestra estancia en Roma nos alojamos en el Hotel Caravel. Es un cuatro estrellas con habitaciones amplias y limpias. Está algo alejado del centro, pero con el transporte público lo gestionamos sin problema. Como contras decir que el desayuno es poco variado y no tiene neverita en la habitación, algo que me resulta de gran utilidad para tener frescas las bebidas al día siguiente, entre otras funciones.

Tras dejar las maletas en la consigna del hotel, enfilamos al centro para comenzar a recorrer la ciudad. Nuestra estancia fue de 6 días prácticamente completos, pero dos de ellos teníamos pensado abandonar Roma y conocer otras poblaciones. Luego, nuestra idea era ver la capital italiana en tres días y el cuarto dedicarlo a lo que se nos hubiera quedado en el tintero. Para ello, nos basamos en estas tres rutas, más o menos:

Día 1: Casco histórico

  1. Plaza Navona (Piazza Navona)
  2. Panteón
  3. Fuente de Trevi
  4. Via del Corso / Via Condotti
  5. Plaza de España (Piazza di Spagna)
  6. Villa Borghese

Día 2: El Vaticano

  1. Museos Vaticanos y Capilla Sixtina
  2. Basílica de San Pedro
  3. Castillo de Sant’Angelo
  4. El barrio de Trastevere

Día 3: La antigua Roma
  1. Coliseo
  2. Foro Romano
  3. Colina del Palatino
  4. Plaza del Campidoglio / Museos Capitolinos
  5. Plaza de Venecia / Monumento a Víctor Manuel II


Por cierto, que sepáis que en Roma existe la tarjeta turística (Rome tourist Card) y la tarjeta omnia (Omnia Card), cada una de ellas incluye accesos a diferentes lugares, ahorrándote colas, y, además, traslados en transporte público. Revisadlas por si os interesan. Nosotros finalmente optamos por comprar las entradas de lo que íbamos a visitar de forma independiente por Internet. Estudiad las tres opciones, porque si pensáis en comprar los tickets in situ, os vais a encontrar con colas de horas de duración.

Día 1 (Jueves, 27 de febrero): Casco histórico.


Nuestra primera parada fue en la Plaza Navona, la cual fue mandada construir por el emperador Domiciano en el año 86 d.C.. Tiene una característica forma alargada puesto que su función original fue la de un estadio dedicado a competiciones de atletismo con gradas para veinte mil espectadores. El Papa Inocencio organizó en ella los llamados "juegos del agua", es decir, la inundó de forma que se llevaran a cabo las diferentes competiciones. Tras la caída del Imperio Romano, en el emplazamiento de las tribunas se levantaron casas, manteniendo el campo de atletismo sin urbanizar, conformando lo que ahora es la plaza que conocemos.
En ella podréis contemplar la Fuente de los Cuatro Ríos (Danubio, Ganges, Nilo y río de la Plata) de Bernini, la Fuente del Moro, la Fuente de Neptuno y la iglesia Santa Agnese in Agone.


A continuación, nos encaminamos al Panteón. Tras hacer una pequeña cola, compramos las entradas. Solo pagamos los adultos, 5€ por persona. 
Su edificación comenzó en el año 27 a.C. bajo el mandato de Marco Agripa. Después de que el edificio fuera dañado por dos incendios, uno en el 80 d.C. y otro en el 110 d.C., este último provocado por un rayo, el emperador Adriano mandó su reconstrucción transformándolo en el templo actual con su cúpula redonda. En la fachada se puede leer el siguiente epígrafe encargado por Adriano: "Marco Agripa, hijo de Lucio, cónsul por tercera vez, construyó esto".
La cúpula del Panteón tiene un diámetro de 8,7 metros y en el centro se sitúa el oculus, un agujero por el que entra la luz y el agua de lluvia, la cual se cuela por el suelo gracias a la existencia de desagües imperceptibles que evitan que se inunde.
En el panteón podéis encontrar las tumbas de varios reyes italianos, como Víctor Manuel II, primer rey tras la unificación italiana, además de la del famoso pintor Rafael.




De camino a la Fontana de Trevi, nos topamos con el Oratory de St. Francis Xavier en Via del Caravita 7. En esa pequeña iglesia está expuesta la Sábana Santa / Síndone / Santo Sudario, una tela de lino que según se cree es el lienzo que se colocó sobre el cuerpo de Jesucristo en el momento de su entierro. En ella aparece dibujado su rostro, además de marcas y traumas físicos propios de la crucifixión.



Por fin llegamos a la Fontana di Trevi, la fuente más famosa de Roma, quizás del mundo, y por algo será. Aun cuando la plaza en la que se encuentra es diminuta en comparación, el monumento en sí es espectacular. 
Se trata de una fuente barroca encargada por el Papa Clemente XII a Bernini en primera instancia, pero que fue construida por Nicola Salvi cincuenta años después. En el centro se sitúa Neptuno sobre una carroza con forma de concha tirada por dos caballos con alas y tritones. Las estatuas a ambos lados de Neptuno representan la abundancia a la izquierda y a la derecha la salud, estatua con una copa y una serpiente.
Según la tradición, si se arroja una moneda a la fuente, de espaldas con la mano derecha sobre el hombro izquierdo, significa que se volverá a Roma algún día. Si arrojas dos monedas, encontrarás el amor en Roma. Y si lanzas tres, te casarás con ese amor. Por lo visto, el ayuntamiento limpia la fuente a diario y dona parte de las monedas a organizaciones benéficas.
Para poder ver la Fontana di Trevi te tienes que poner en una cola que desemboca en la base de la misma. Allí podrás deleitarte con el espectáculo sin "aglomeraciones". 
En esta plaza disfrutamos de nuestro primer helado, que nos salió por un ojo de la cara (10-12€ cada uno).


Tras saborear este exquisito postre, nos dirigimos hacia la Plaza de España desde donde salía el Free Tour que teníamos contratado con Civitatis. Una vez llegamos, nos pusimos en la cola, y cuando nos tocó el turno para que nos dieran los audífonos y así poder escuchar a la guía, nos indicaron que nuestro tour había sido cancelado, aun cuando el día anterior habíamos recibido un recordatorio. La verdad es que fue una situación bastante desagradable, algo que me hace replantearme futuras reservas con esta empresa: Civitatis. Tras indicarnos por activa y por pasiva que nuestra visita había sido cancelada, cancelación que recibimos un par de días después, y querer cobrarnos una pasta por el acceso al tour, decidimos pasar de ellos y seguir con la visita de la ciudad por nuestra cuenta.

Como indicaba, nos hallábamos en Plaza de España, por lo que dimos una vuelta por la misma. Subimos la escalinata, conocida como Escalinata Española de Roma, que va desde la plaza hasta la iglesia del monasterio francés de Trinita dei Monti. Su construcción fue encargada por los franceses (Luis XII), pero en el siglo XVII la plaza albergaba a la embajada española, de ahí que se llame Escalinata Española, aun cuando su nombre oficial es Scalinata della Trinitá dei Monti.


Proseguimos nuestro trayecto hacia la Piazza del Popolo (Plaza del Pueblo), aunque la realidad es que su nombre deriva de los álamos que se erguían alrededor del óvalo que da forma a la plaza. En ella se encuentran las dos iglesias barrocas gemelas: Santa María dei Miracoli y Santa Maria in Montesanto, ambas separadas por la Via del Corso.
Llama la atención en esta plaza el obelisco egipcio de 36 metros de altura ubicado en el centro. Fue construido alrededor del 1300 a.C. y procedía del Templo del Sol de Heliópolis. Fue transportado a Roma por el emperador Augusto para ser ubicado en el Circo Máximo, aunque fue trasladado a esta plaza por el Papa Sixto V en 1589.




Día 2 (Viernes, 28 de febrero): El Vaticano.


Al día siguiente nos dirigimos hacia El Vaticano. Teníamos contratada la visita a los Museos Vaticanos con guía a las 10 de la mañana. Compramos los tickets en este enlace. La entrada nos salió por 20€, a lo que hay que sumarle 13,50€ por el guía, 5€ de tasas y 1,50€ por el pinganillo para escuchar la explicación. Los niños, lo mismo, aunque la entrada tiene precio reducido, en vez de 20€ fueron 8€. Hay que llegar media hora antes a causa de los controles y las colas existentes para acceder. Así que, si queréis llegar a tiempo, no vayáis a la hora clavada porque no esperan. Recordad que la Ciudad del Vaticano (o Santa Sede) es un estado soberano independiente, por lo que se os pedirá la documentación. Lo que quiero decir, es que no olvidéis llevar el DNI o pasaporte.
En el interior de los museos está permitido hacer fotos sin flash y en la Capilla Sixtina no se permite hacer fotos y se ruega de forma constante silencio.

Los Museos Vaticanos albergan una de las mayores colecciones de tesoros artísticos de la antigüedad romana y egipcia. El punto culminante de la visita es la espectacular Capilla Sixtina, llamada así por el Papa Sixto IV. Las paredes laterales están cubiertas con pinturas sobre la vida de Jesús realizadas por Botticelli, Perugino, Ghirlandaio y Pinturicchio y el culmen de esta capilla es el techo de Miguel Ángel. El Papa le solicitó a Miguel Ángel que se ocupara de pintar el techo, sin embargo, este le indicó que él era escultor y no pintor. Al final, se vio obligado, pues en el siglo XVI no era posible llevar la contraria al sumo pontífice. Esta capilla es, además, el espacio donde los cardenales se reúnen con el propósito de elegir a un nuevo Papa. Si de la chimenea sale humo negro, los cardenales no han llegado a un acuerdo, si es humo blanco, habemus Papa. Esto es lo que se conoce como fumata.




Única estatua que conserva los ojos


Tras la visita a los Museos Vaticanos nos dirigimos a la Basílica de San Pedro (la entrada es gratuita). La basílica fue construida sobre un antiguo templo de la época del emperador Constantino el Grande. Según cuenta la tradición, bajo el enorme baldaquín está enterrado el apóstol Pedro.
Nada más entrar, a la derecha, se encuentra La Piedad de Miguel Ángel, en la que María tiene entre sus brazos el cuerpo de Jesús muerto. En la capilla siguiente se encuentra el mausoleo del Papa Juan Pablo II.
En el centro de la basílica, bajo la enorme cúpula, se halla un gigantesco baldaquino de bronce de Bernini colocado, como comentaba, sobre la presunta tumba del apóstol Pedro. Se dice que el bronce fue robado del Panteón. A su derecha se halla la tumba de Alejandro VII (obra de Bernini), en la cual un esqueleto con un reloj de arena representa el paso del tiempo y recuerda que la muerte se acerca.
En el lateral izquierdo hay unas escaleras que acceden a las catacumbas donde se encuentras las criptas de los papas.

Es posible subir a la cúpula de la basílica tras unos 550 escalones. Tienes dos formas de hacerlo, la primera es en ascensor, donde te quitas unos 200 escalones y cuesta 15€, la segunda forma es subiendo los más de 500 escalones a pie y cuesta 10€. Nosotros seleccionamos la subida andando, aunque he de reconocer que en el tramo que hace el ascensor no hay nada de interés. Cuando te vas acercando a la cúspide, el camino se estrecha y la pared se vuelve cóncava por lo que se siente algo de claustrofobia.








Durante nuestra visita, el papa Francisco se encontraba hospitalizado y justo ese día sufrió una insuficiencia respiratoria, por lo que esa noche dieron un rosario para rezar por su salud a las 21 horas. 

Tras esta visita nos fuimos a comer a un restaurante cercano que encontramos abierto, porque eran las 17:40. He de admitir que en Roma hay muchos restaurantes que mantienen las cocinas abiertas permitiendo comer a horas intempestivas, algunos, cierran la cocina, pero la mayoría se mantienen abiertos.

Cuando terminamos ya era bastante tarde y, aunque nuestra idea era visitar el Castillo de Sant'Angelo, a esas horas ya estaba cerrado. Y, la verdad, es que ese día habría sido ideal ir al barrio de Trastevere porque estábamos al lado, pero habíamos contratado una excursión para recorrer la zona al día siguiente. Así que, nos acercamos al solemne rosario que se celebró en la Plaza de San Pedro para pedir la pronta recuperación del Papa.




Día 3 (Sábado, 1 de marzo): La antigua Roma.


Ese día se levantó lluvioso y así se mantuvo, apenas nos dio un respiro. Aunque he de admitir que fue el único día en el que el tiempo no nos acompañó, el resto del viaje fue soleado y más caluroso de lo esperado por las fechas.

Para comenzar la mañana nos dirigimos al Coliseo. Desde casa habíamos comprado las entradas tanto para el Coliseo como para el Foro Romano. Teníamos que estar a las 10:30 y te indicaban que llegaras con 15 minutos de antelación, pues, como de costumbre, las colas y el acceso se hace algo largo. Id con el DNI o pasaporte, ya que hay que pasar un control y te solicitan documentación. Aquí os dejo el enlace para adquirir los tickets. A nosotros nos salió por 18€, sin guía y sin visitar la arena, que luego vimos que era el acceso a una terraza y que no merecía la pena el incremento de precio por la ganancia que se obtenía, puesto que sin acceder a ella veías lo mismo. Así que, creo que hicimos bien.

El Coliseo es una de las 7 maravillas del mundo moderno. Comenzó a construirse en el año 72 bajo el mandato del emperador Vespasiano y concluyó en el 80 durante el gobierno del emperador Tito. Se convirtió entonces en el mayor anfiteatro romano existente, con unas dimensiones de 188 metros de longitud, 156 metros de anchura y 57 metros de altura y con capacidad para albergar a más de 50.000 personas. Allí se exhibían muestras de animales exóticos, ejecuciones de prisioneros, recreaciones de batallas y peleas de gladiadores. Los últimos juegos se celebraron en el siglo VI, lo que implica que estuvo en activo más de 500 años.




Al lado del Coliseo se halla el Arco de Constantino, el más grande de los tres arcos triunfales que sobrevivieron en Roma. Fue erigido para conmemorar la victoria de Constantino contra Majencio en la Batalla del Puente Milvio en 312 d.C.. Compuesto de tres arcos, el central, el más ancho, tiene relieves que narran las hazañas de Constantino durante la campaña contra Majencio.


Los Foros Imperiales son una serie de edificios que formaban el centro de la actividad política de la antigua Roma. Su construcción comenzó en el 46 a.C. y terminó en el 113 d. C..
Al final de la época republicana, Roma se había convertido en la capital de un vasto imperio, por ello, el antiguo Foro Romano resultaba insuficiente para las funciones de centro administrativo de la ciudad. Así que Julio César fue el primero en construir una nueva plaza que extendía la zona. Tras el Foro de César, le siguieron el de Augusto, Transitorio o de Nerva y el de Trajano. Por ello, se denomina a esta zona arqueológica, Foros Imperiales.






Tras comer, nos desplazamos a la Basílica de Santa María la Mayor, una de las cuatro basílicas papales de Roma.
La leyenda nos cuenta que el rico patricio romano Giovanni y su esposa, al no tener hijos, decidieron dedicarle una iglesia a la Virgen María, puesto que se les apareció en una calurosa noche de verano. Entonces, les informó que un milagro les indicaría el lugar donde levantar la iglesia. El Papa Liberio tuvo el mismo sueño y, al día siguiente, yendo al Esquilino, lo encontró cubierto de nieve. El Papa trazó el perímetro de lo que sería la construcción en la zona nevada. Por este motivo, cada 5 de agosto se conmemora el milagro de la nieve con una celebración especial en la que desde la parte superior se lanzan pétalos blancos que representan los copos.




Esa lluviosa noche teníamos reservado un tour que recorría el gueto judío y el barrio del Trastevere, así que allí nos fuimos sin desprendernos del paraguas. Como el tiempo no era el mejor, la guía fue rápido, aunque nos enseñó el pequeño barrio judío (tres calles) que nació en 1555 por orden del Papa Pablo IV en el que acinaron a miles de judíos a vivir en ese reducido espacio. Tenían que llevar el distintivo de la estrella de David, además, se les prohibió comerciar y poseer bienes inmuebles.
También fue el lugar donde se llevó a cabo la mayor detención de judíos en Italia durante la Segunda Guerra Mundial. Para recordar a las víctimas del Holocausto, se pusieron placas de latón en los adoquines donde están escritos los nombres de los deportados a los campos de exterminio nazis.
Frente a la Gran Sinagoga (Templo Maggiore) en la Via del Portico d'Ottavia, verás a un lado restaurantes de comida italiana y, al otro lado, restaurantes kosher (comida preparada siguiendo los preceptos marcados por el judaísmo).

A continuación, cruzamos el río Tíber, atravesando la isla tiberina, para alcanzar el barrio del Trastevere, uno de los barrios más pintorescos de la ciudad, repleto de calles adoquinadas, edificios coloridos cubiertos de hiedra y balcones adornados con geranios. En él se localizan los mejores restaurantes y bares de la ciudad. Sin olvidar, las iglesias, galerías y otros lugares de interés. Por ejemplo, allí está ubicada la Basílica de Santa María, fundada en el siglo III y encargada por el Papa Calixto I cuando el cristianismo todavía no estaba completamente aceptado.


Por supuesto que no dejamos pasar la oportunidad para probar uno de sus restaurantes. 
Tras la cena, nos fuimos a dormir, ya que nos esperaba un buen madrugón.

Día 4 (Domingo, 2 de marzo): Tívoli.


Esa mañana el grupo se dividió o, mejor dicho, yo me independicé. Ellos se fueron a Nápoles con intención de visitar Pompeya, pero como yo ya lo conocía y no me apetecía repetir, me encaminé a Tívoli. Aunque en el camino hice una parada en Villa Adriana.

Madrugué tanto como el resto, puesto que, aunque Tívoli está como a 30 km de Roma, se tarda bastante en llegar. Yo tardé aproximadamente 2 horas.

Como decía, mi primera parada fue en Villa Adriana. Para ello, cogí el metro hasta Ponte Marmolo. En cuanto sales de la estación, frente a las taquillas, hay un pequeño puesto / estanco con el título de Cotral, la empresa de autobuses que hay que coger. Compré los billetes de ida y vuelta para no perder tiempo luego buscando donde comprarlos en Tívoli. El precio de cada uno fue 2,20€.

Las dársenas están en la planta superior. Yo tuve suerte y el bus llegó en 10 minutos. Por lo que vi, pasaban cada media hora aprox. La parada donde bajarse fue más complicada, porque Villa Adriana es un pueblo, lo que implica que haya varias paradas en el lugar y, la verdad sea dicha, el conductor no fue de gran ayuda, no sé dónde pensaría que iría una turista, el caso es que lo único que me repetía era que Villa Adriana tenía muchas paradas. Sin embargo, gracias a la amabilidad de los viajeros, me enteré que había que bajarse en la primera parada del pueblo, después hay que andar unos diez minutos hasta llegar a la entrada de la Villa.

Como era primer domingo de mes, la entrada me salió gratis. Tenedlo en cuenta. El primer domingo de cada mes entrar a los sitios en Roma es gratis. Supongo que el incremento en la cola será proporcional. Por suerte, en mi caso, no había nadie. Y ya que me había resultado gratis acceder a Villa Adriana, me acerqué a la librería y compré un plano con sus explicaciones por 3,5€.

Villa Adriana fue construida entre el año 118 y el 134 d.C. según consta en los sellos de fabricación plasmado en los ladrillos. Cuando Publio Elio Adriano asumió el poder en el 117 d.C., el imperio romano se encontraba en el momento de su máximo esplendor y extensión. Adriano era un hombre de gran cultura y sensibilidad, apasionado por el arte en todas sus formas. Amaba sobre todo la arquitectura que cultivó en primera persona, incluso en sus viajes, en los que lo acompañaban herreros, albañiles y carpinteros. Políticamente Adriano interpretó las más profundas exigencias culturales y civiles de su época, fundiendo la refinada cultura helenística con la capacidad práctica de gobernar.

En la Villa Adriana podemos encontrar representada esta realidad histórica. Las termas están formadas por un gimnasio al aire libre, el esferisterio para los juegos con la pelota, los vestuarios para acceder al calidarium o baño caliente que contaba con tres piscinas, al tepidarium o baño tibio, la sauna, el baño frío y la zona de masajes, además, contaba con una zona de lectura.

El rincón más conocido de la villa es el Canopo. Es un amplio estanque que mide 119x18 metros. Es una imitación a un lugar de recreo en Egipto, cercano a Alejandría, donde murió Antinoo, el bellísimo favorito del emperador, que se ahogó allí. Dicen las malas lenguas que se suicidó. El caso es que el emperador replicó el lugar en su villa. Las estatuas representan a este joven cuya trágica muerte condujo a Adriano a la desesperación.

Había leído que se tardaba en visitar el complejo unas dos horas, yo me entretuve más, y eso que iba sola. Estuve más de tres horas allí, pero hay que reconocer que es un sitio enorme y bonito.









En cuanto sales del complejo y subes la cuesta que te lleva al pueblo, te encuentras con una intersección de varias calles, ese es el sitio para coger el bus número 4 que te lleva a Tívoli. Yo no vi parada. En frente hay un bar, donde me dijeron (las chicas de la puerta de Villa Adriana) que se podía comprar el ticket del autobús. Yo lo compré en el propio bus, 1,5€, no me dejaron pagarlo con tarjeta. Por cierto, en el Google Maps, este autobús no existía, al menos a mí no me lo dio como opción.

El bus te deja al lado de la plaza Garibaldi de Tívoli. En cuanto te bajas de él y caminas hacia la susodicha plaza, os vais a topar con un quiosco verde que es un punto de información. Ahí me hice con un plano de la ciudad.

Como era la 1:30 p.m., pensé que era pronto para comer, así que me encaminé a visitar la Villa d'Este, un palacio renacentista con unos jardines espectaculares, pero antes entré en la iglesia que hay al lado, Santa María Maggiore. Al salir de esta iglesia, entraba un grupo enorme a la villa, así que cambié de planes y me fui a comer.


Algo que me llamó la atención es que en cualquiera de los espacios que visité, ya fueran jardines o lugares cerrados , las mascotas iban con sus dueños sin problemas.

Después de llenar el buche, entré en Villa d'Este, con entrada gratuita de nuevo por ser primer domingo de mes. Esta villa fue levantada en 1550 a petición del Cardenal Ippolito d'Este, hijo de Lucrecia Borgia y Alfonso I d'Este, en la zona medieval llamada Valle Caudente. Fue proyectada por Pirro Ligorio, arquitecto napolitano. Se utilizaron las aguas del río Aniene que, conducidas subterráneamente, cruzan todo el centro histórico de la ciudad y alimentan las fuentes que hay en los jardines de la villa. Toda una obra de ingeniería en su época.

El patio, ubicado en la actual entrada, era el claustro del Monasterio de los Padres Benedictinos incorporado en el edificio monumental de la villa. Las salas del interior están cubiertos de pinturas que no hay que dejar de admirar, aunque la atracción principal se centra en el jardín renacentista con sus espléndidas fuentes. A destacar la Fuente del Órgano, en la que hay un órgano que funciona a la perfección, y la Fuente de Neptuno.









Tras la visita de ambas villas, sí o sí las dos cosas que hay que ver en Tivoli, me dispuse a perderme por la ciudad, un lugar que recomiendo no pasar por alto, porque es espectacular. Sus calles estrechas adoquinadas, sus restaurantes y demás, la convierten en un lugar con mucho encanto.

A destacar la Catedral o Iglesia de San Lorenzo. La fachada de estilo barroco no llama mucho la atención, pero teniendo en cuenta que estamos en Roma, el interior os deslumbrará. En una de las capillas se encuentra la Deposición, del siglo XIII, una obra maestra de madera testimonio de la escultura medieval. Y el tríptico del Salvador, pintura del siglo XII atribuida a los Monjes Benedictinos de Farfa.

Acercaos al Puente Gregoriano donde hay unas vistas magníficas. El puente es una arcada de 20 metros construido tras la catastrófica crecida del río Aniene (1826). Fue destruido por los alemanes en la Segunda Guerra Mundial y reconstruido de inmediato. Desde este punto se puede contemplar la Acrópolis Romana con los Templos de Vesta y Sibilla.








Tras recorrer sus calles, una cuesta arriba, una cuesta abajo y así sin parar, llegó la hora de regresar. Tenía entendido que el autobús (Costral) salía de la plaza Garibaldi, pero, de nuevo, no encontré la parada. Tuve que preguntar, de esa forma localicé el punto exacto, cerca de la plaza, en la Via Nazionale Tiburtina. Llegamos a la vez, el autobús y yo, así que la vuelta fue más corta y más relajada.

Regresé al hotel, agotada. Y al día siguiente había que madrugar, una vez más, ya que nos íbamos a Florencia.

Día 5 (Lunes, 3 de marzo): Florencia.


Esa mañana nos dirigimos a la estación de Termini donde cogimos el tren que nos llevaría a Florencia. Es la tercera vez que visito esta ciudad y he de reconocer que no me canso, es una maravilla para los ojos.

Los billetes los compramos antes de comenzar el viaje, en Italo. No tardamos en localizar el andén y el coche que nos correspondía, así que nos acomodamos dispuestos a comenzar la excursión de ese día.

La hora de salida fue a las 8:55 horas, lo que implicó que llegaramos a Florencia a las 10:31. Para aprovechar la jornada, reservamos la vuelta a las 20:43, regresando a Roma a las 22:20. La ida nos salió por 17,90€ (mismo precio adultos que niños) y la vuelta por 19,90€, con unos gastos de gestión de poco más de 1€ por cabeza.

Habíamos contratado un tour a las 11:00 horas, así que, nada más llegar a la estación, nos encaminamos al punto de encuentro. Tras hacer el breve recorrido por la ciudad con un guía que nos contó más de su vida que de la historia de Florencia, continuamos por nuestra cuenta la ruta de lo más importante que ver en esta preciosa ciudad y, por supuesto, comenzamos por el Duomo.

La Catedral de Florencia, Santa María del Fiore, es un punto de referencia. Un espectacular edificio recubierto de mármol rojo de Siena, blanco de Carrara y verde de Prato. La cúpula de Brunelleschi fue en el momento de su construcción la más grande del mundo. El exterior es espectacular, eso nadie puede discutirlo, pero, admitámoslo, el interior no es nada del otro mundo. El acceso es gratuito, si bien, si tienes intención de acceder a la cúpula o al campanario o a la cripta (donde se halla la tumba de Brunelleschi) has de agenciarte una entrada.



El Palazzo Vecchio albergó la administración de Florencia, aunque ahora está reconvertido en museo. Es fácilmente reconocible, puesto que en su umbral se encuentra una copia del David de Miguel Ángel. Nos localizamos, por tanto, en la Piazza della Signoria. En un lateral existe una galería con todo tipo de esculturas; la más famosa es la de Perseo con la cabeza de Medusa. Además, en dicha plaza está situada la Fuente de Neptuno, cuyo rostro es el de Cosme de Médici, quien también está representado en la estatua ecuestre de bronce ubicada en el centro de la plaza.




El Museo Uffici está instalado en un antiguo palacio y contiene obras de Botticelli, Caravaggio y Tiziano, entre otros. En esta ocasión no entramos a visitarlo, pero yo lo visité en mi segunda incursión a esta ciudad y lo recomiendo, no dejes de adentrarte en sus pasillos repletos de obras, ¡es impresionante!

El Ponte Vecchio, el puente medieval que cruza el río Arno, es el más famoso de la ciudad. En él hay dispuestas una buena cantidad de tiendas, la mayoría de joyas. Antiguamente albergaba herrerías, curtidurías y carnicerías, es decir, siempre ha acogido una gran actividad comercial. En el centro del puente podéis ver un busto de Cellini, un afamado orfebre.


La Galería de la Academia contiene una colección de esculturas que servían de inspiración a los estudiantes, pero es sobre todo conocida porque allí se emplaza el David original de Miguel Ángel. Esta vez no lo ví, pero en la oportunidad anterior, no dejé pasar la ocasión de contemplar la famosa escultura. Está considerada una obra maestra que, si bien respeta los cánones en cuanto a proporciones, estas aparecen sometidas a un proceso deformante, por ejemplo, su cabeza y sus manos son desproporcionadas con el resto del cuerpo. Esto está hecho adrede, la intención del escultor era corregir la perspectiva, puesto que su ubicación inicial era a gran altura en la catedral.

No olvides acercarte a la Plaza de Michelangelo, las vistas de la ciudad son espectaculares. Ahí también puedes disfrutar de otra copia del David de Miguel Ángel. Recomiendan subir a la puesta de sol. Sin embargo, yo creo que cualquier momento es bueno. En esta ocasión accedimos con el propósito de disfrutar allí de ese ocaso tan elogiado y, aunque es espectacular, la cantidad de gente que te rodea llega a resultar bastante agobiante, así que vosotros decidís.


Comimos en L'Antica Pizzería da Michele unas pizzas muy ricas, os recomiendo el restaurante. Aquí os dejo cómo llegar. Nos lo aconsejó el guía y la verdad es que todos disfrutamos de la comida.

En el regreso en tren de vuelta a Roma, reservamos entradas para visitar el Castillo Sant'Angelo al día siguiente (os dejo el enlace). La guía es una audioguía que te envían por correo electrónico, de forma que te descargas la aplicación y ya puedes oírla a través de tu móvil. Esto me recuerda que os recomiendo encarecidamente que en los viajes llevéis auriculares, ahora en muchos lugares, a través de un código QR o de cualquier otro método, acabas escuchando la audioguía en tu móvil. Los auriculares son un complemento relevante para ir por tu cuenta escuchando información de la visita sin molestar al prójimo.

Día 6 (Martes, 4 de marzo): Roma.


Este era nuestro último día, esa noche regresábamos a casa. Así que lo aprovechamos para ver algunos puntos que nos habían quedado pendientes.

La primera visita fue al Castillo Sant'Angelo, reserva que hicimos el día anterior mientras regresábamos de Florencia. Está ubicado al lado de El Vaticano, a orillas del río Tíber, y es conocido también como el Mausoleo de Adriano, puesto que inicialmente esa fue su función, aunque con el paso del tiempo fue ampliado poco a poco hasta convertirse en la fortaleza actual. 

Existe un corredor fortificado de 800 metros de longitud que conecta el castillo con la Ciudad del Vaticano con el propósito de que el Papa pudiera escapar en caso de asedio. 

En el interior del castillo se pueden visitar diferentes estancias que funcionaron como residencia Papal, disfrutar de frescos de la época renacentista conservados a la perfección, etc. 

En la planta superior, donde se encuentra el Arcángel San Miguel, hay una terraza con bonitas vistas de los alrededores.




No os olvidéis de cruzar el puente de Sant'Angelo, un puente peatonal que fue encargado por el emperador Adriano para facilitar el acceso a su mausoleo. El puente ha permanecido en pue durante casi dos milenios. Hoy en día está adornado con diez magníficas estatuas de ángeles diseñadas por Bernini. Por cierto, cada ángel porta un emblema de la muerte y el sufrimiento de Jesús.





A continuación, fuimos a la Plaza Venecia y entramos en la Basílica de Santa María in Ara Coeli tras subir la larga escalinata. En su interior se pueden ver frescos del siglo XV de Pinturicchio. El suelo está cubierto por lápidas de personajes célebres romanos. El techo dorado de madera conmemora el triunfo de Lepanto, cuando la flota Papal ayudó a poner fin a la expansión naval turca en el Mediterráneo.

El principal tesoro de la basílica es la estatua del Santo Bambino de Aracoeli del siglo XV, a quien se le atribuyen diferentes milagros a lo largo de los siglos. A solicitud, la estatua ha sido llevada a hospitales y camas de enfermos y moribundos de Roma, realizando curas milagrosas. 




Tras esta visita, accedimos al Monumento a Vittorio Emanuele II. La estructura del monumento es un camino ascendente a través de escaleras y terrazas, donde pasarás por el Altar Central de la Patria y un pórtico columnado coronado por cuadrigas de bronce, simbolizando la Unidad de la Patria y la Libertad.

Desde este monumento hay unas bonitas vistas del Coliseo.



Después de comer, regresamos a la Fontana di Trevi porque es uno de los monumentos de la ciudad que más nos atraía. Es una fuente espectacular, una pena que haya tanta gente siempre para poder disfrutarla. 


Acto seguido, nos encaminamos a la Basílica de San Pietro in Vincoli, donde se encuentran las dos cadenas con las que San Pedro fue encarcelado en Jerusalén. Otro de sus principales atractivos es el mausoleo del Papa Julio II, conformado por una estatua de Moisés obra de Miguel Ángel. En el lateral izquierdo de la basílica, entre pequeños altares, existen esculturas con representaciones de esqueletos, algo poco habitual en las iglesias.



Y desde ahí, nos marchamos al hotel a por las maletas, nos tocaba volver a casa. Otro viaje concluido. ¡Ahora a pensar en el siguiente!

Os habréis dado cuenta de que en esta oportunidad no os he recomendado casi ningún restaurante, pero, la verdad sea dicha, en todos se come muy bien. Simplemente nos fuimos guiando por las puntuaciones del Google Maps y los precios, y siempre dimos con restaurantes que nos gustaron.














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